LAS CUEVAS
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Cueva de habitación en El Riachuelo, a una cota aproximada de 1.300 metros |
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Una de las primeras necesidades que debieron satisfacer los benahoaritas cuando llegaron a la isla era buscar un lugar adecuado donde vivir. El hábitat preferido se encontraba en las numerosas cuevas naturales que se abren en las márgenes de los barrancos.
A la hora de escoger una cueva, al menos inicialmente, se tenían en cuenta una serie de parámetros: espaciosidad, orientación, abundancia de recursos forrajeros, cercanía a las fuentes, facilidades para practicar la pesca y el marisqueo, etc.
La cota altitudinal que podían alcanzar los poblados variaba en función de las condiciones orográficas y, sobre todo, climáticas imperantes en cada zona de la Isla. Así, en la parte norte, noreste y este raramente sobrepasan los 400 metros, mientras que la vertiente oeste y noroccidental nos encontramos extensos asentamientos situados por encima de los 1.000 metros.
Las cuevas se utilizaban, la mayoría de las veces, sin hacer ningún tipo de transformación. Los benahoaritas se limitaban a realizar unas pequeñas reformas consistentes en muros de piedra a la entrada para protegerse del viento el sol, poyos o repisas para colocar sus utensilios, la parte más profunda se destinaba a dormitorio, los fogones solían estar en la entrada de las cuevas, etc.
LAS CABAÑAS
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Recreación de la vida cotidiana a la entrada de una cabaña benahoarita |
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Por el contrario, en la mitad sur de Benahoare, la escasez de cuevas naturales ante la ausencia de grandes barrancos, hizo que el hábitat característico se corresponde con extensos poblados de cabañas situados desde la orilla del mar hasta los 1.500 metros de altura.
Las cabañas eran relativamente pequeñas, con diámetros de unos 2 metros. Su planta solía ser circular u oval. A veces formaban grandes conjuntos de construcciones adosadas, como en el Refugio de El Pilar. Su entrada siempre estaba orientada contra los vientos dominantes. Los muros eran muy gruesos, sobre todo en la base, donde llegaban a superar el metro de anchura. La altura de las paredes no superaría los 1,60 metros y su techumbre era vegetal y, es muy posible que, encima se colocasen lajas planas.
En el interior de La Caldera de Taburiente prácticamente no existen cuevas naturales, excepto pequeños cejos y covachas en la base de los riscos (El Escuchadero, Hoyo Verde, etc.). El hábitat típico de esta zona fueron unas covachas que se abren debajo de unas gigantescas rocas de conglomerado, cuya entrada se tapaba con muros de piedra seca para protegerse de las inclemencias del tiempo. Al no haber cuevas también hicieron poblados de cabañas (Lomo Gazmil, El Escuchadero, Dos Aguas, etc.).
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